La invitación que no fue

Spoiler Alert: Este artículo está basado en hechos reales donde se cambiarán los nombres pero que te servirá sobretodo, si conoces tu estrategia en tu Diseño Humano y aparece la espera como primera palabra.

Para un proyector no hay nada que te genere más alegría y expansión que recibir una invitación. Sobretodo si ya conoces como funciona tu estrategia y estás en modo “observadora” de lo que sucede.

La secuencia es más o menos así:

  • Empezas a indagar sobre diseño humano
  • Escribis porque querés ser reconocida y cómo se siente ese “éxito proyector” que viniste a experimentar, vivir y sentir
  • Indagas sobre tu propósito y comenzas a hacer eso que más te gusta, que por lo general, se conoce como “dones y talentos” y como se te suele dar de manera natural, cuesta encontrarle el valor.
  • Hasta que un hermoso y tan esperado día APARECE UNA INVITACIÓN.

Todo es alegría y emprendes una nueva aventura. Segundo spoiler, la historia no tiene un final feliz que la mente espera, pero si tiene mucho aprendizaje y shoraditas.

En mi caso fue con una clienta, llamemosle Nina. Dedicada al autoconocimiento, a sanar tu niño interior, tocaba temas de Diseño Humano, astrología, abundancia y más. Quedé en ese trabajo como Project Manager Digital después de pasar dos entrevistas y tres postulaciones de otras colegas. Para agregarle más chimichurri, vive en España, país al que yo iba a ir ese año y ya había flasheado un encuentro de trabajo presencial. 

En otras palabras: ella era mi verdadera clienta ideal y real que tanto había anotado en mis “visionboard”. Para esa altura, imaginate, yo tenía una sobredosis de éxito proyector.

Si bien era un trabajo por objetivos, yo había aceptado trabajar por horas (primera señal). 

A las pocas semanas me enteré que de la parte estratégica se iba a encargar ella y que yo no era requerida (segunda señal). 

Habíamos establecido que el Whatsapp no era un canal para seguimiento de tareas, sino más bien, de mensajes de “urgencias” como cancelar una reunión. Pasado 1 mes de mi contratación, se repetían los mensajes por mail, por WhatsApp y por ClickUp (tercera señal). 

Mis días transcurrían mientras seguían acompañando ese proyecto, mientras que cada vez que recibía un mensaje no quería verlo porque como debes suponer a esta instancia, mi rol estaba totalmente desdibujado diciendo que si a todas las tareas: edición en Canva, documentar procesos, editar PDF, corregir textos, crear landing page, hacer diseños, revisar dos, tres, cuatro veces la misma secuencia de mails y sin poder salir del margen que me correspondía, esperando su orden (cuarta, quinta y sexta señal).

En ese momento, me uno a un grupo que para mí fue “la ostia”, como dicen en España, de colegas donde hablamos todo el programa de mentalidad, valores y otras yerbas.

Cada uno exponía sus casos y contaba que le sucedía, con vergüenza me anime a levantar la mano en zoom y hablar de números, tareas y trato. 

En esa charla comprobé varias cosas, entre esas, que me pagaban una tercera parte de lo que correspondía.

Desde ese momento, al darme cuenta que no había reconocimiento sobre lo que hacía, me desconecte del proyecto. Y nunca fue cuestión de números, porque vamos a ser realistas, en cuestión de “cambio” me convenía. Siempre fue cuestión de valoración y reconocimiento personal. 

Era un dilema de lo que tanto esta persona comunica en sus redes, medios y programas: autovaloración, autoconocimiento y liderazgo personal.

Te aclaro esto, porque eso me nubló por unos meses sintiéndome por momentos, culpable de lo que sucedía o confundiéndome.

Decidí con un mes de anticipación pasarle mis nuevos valores, al cual claramente me dijo que no. Y le agradezco muchísimo, porque seguía pedaleando en falso. 

Y después de analizar ingresos y posibilidades, deje de colaborar en su negocio.

No fue una decisión fácil ni al azar, porque en cuestiones de trabajo y dinero varias cosas se ponen en juego. 

Llegando al final de la historia, me puse a recordar cómo había llegado esa invitación y para mi “no sorpresa”, releo el primer mail que recibo después de entregada la propuesta que era una negociación por mis honorarios. Al cual en ese momento accedí, claramente. 

Toda esta experiencia de 4 largos meses, me dejaron varias enseñanzas pero sobre todo un pase VIP para volver a terapia para seguir trabajando temitas de confianza, validez, etc.

Te lo comparto porque yo sé lo que se siente cuando una invitación llega. 

Lo que también sé, es que no todas son correctas.

Aquí algunos proyectiles:

  • Las invitaciones son cargadas de reconocimiento o no son. 
  • No venimos a aceptar migajas por nuestro trabajo.
  • Somos buenos guías y únicos, nadie tiene una perspectiva como nosotros.
  • El reconocimiento empieza por casa y por consecuencia, llega de afuera.
  • No tenemos que decir que si a todas las invitaciones que aparezcan. Hay invitaciones que no van a estar alineadas a vos y está bién.
  • Trabajar en pulir nuestro rol y valorando nuestros talentos va a hacer que las personas sepan realmente a que “invitarnos”.
  • No aceptes una invitación con hambre de oportunidades, esa es la primera señal de que no es la decisión correcta.
  • Hasta el más especializado en autonocimiento tiene sus propias batallas como ser humano.

Espero que esta historia te haya servido para tenerla presente cuando surjan nuevas propuestas y estar bien afilada para detectar cuando esa invitación la querés aceptar. 

Nina, si estás leyendo esto, no te guardo ningún tipo de sentimiento, al contrario, ¡gracias por el recordatorio de los innegociables en esta vida: quererse y valorarse!

Lo que si, me podrias dar una manito garpando las sesiones de terapia 😉

¡Gloria a las invitaciones sinceras y correctas!

Y las que no, seguiremos aprendiendo…

Abrazo para todos mis colegas proyectoriles.

A esperar.

¿Preferís escucharlo en audio? Hace click en el episodio del podcast.

Picture of Estefi Crasso
Estefi Crasso

-Project Manager Digital -

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